Entrevista publicada originalmente en el blog de Digital Future Society en castellano y en inglés

Albert Cañigueral es fundador del blog Consumo Colaborativo (2011) y líder del desarrollo de Ouishare en España desde 2012. Está considerado como uno de los referentes de la economía de plataformas en español así como un conector de personas, proyectos e ideas.

Su trabajo se centra en la investigación, la inspiración y el acompañamiento a empresas, organizaciones y personas para su adaptación a la era digital. Imparte conferencias y clases, publica estudios y libros, organiza eventos y explora las mejores alternativas para un uso responsable y ético de las tecnologías digitales en la sociedad del siglo XXI: innovación social digital.

¿Puede explicarnos brevemente en qué consiste su trabajo?

Soy “connector” de la red Ouishare, una comunidad-red de personas interesadas en indagar acerca de los impactos de la tecnología en la sociedad desde un punto de vista crítico constructivo.

Dentro de este grupo de exploradores me centro en el futuro del trabajo y las plataformas digitales. Trabajo impartiendo formación, charlas, informes y consultorías sobre esta temática para todo tipo de organizaciones, por ejemplo Digital Future Society, el Banco Interamericano de Desarrollo o la cooperativa Suara.

¿Qué es la economía colaborativa?

En 2020 hablamos más de la economía de plataformas y no tanto de la economía colaborativa para no llevar a equívocos.

En este caso la economía de plataformas es aquella donde las plataformas digitales son las intermediarias para nuestro consumo, ocio, movilidad, educación, turismo, trabajo, etc.

Las plataformas son herramientas de gobernanza digital que crean un ecosistema a su alrededor. Las plataformas definen y delimitan el tipo de intercambios sociales y económicos que pueden ocurrir en ese ecosistema.

Bajo este concepto tenemos plataformas como Airbnb, Verkami, SocialCar, Wikipedia o Facebook. Proyectos de todo tipo, escala y propósito pero todos ellos organizados a través de un modelo de plataformas digital.

Es la primera vez en la historia de la lucha contra una pandemia en la que se realiza un esfuerzo global de esta dimensión. ¿Se puede decir que la ciencia está siguiendo en estos momentos un modelo colaborativo en la búsqueda de tratamiento y vacunas?

Sin duda. Gracias a los datos abiertos, a la cultura del intercambio y a la plataformas digitales, la manera en que se está combatiendo la pandemia es muy colaborativa.

Hoy en día es más fácil que nunca conectarse y participar en estos ecosistemas. Los ecosistemas complejos son ideales para abordar problemas complejos, que nadie puede resolver por sí solo.

¿Cómo se puede lograr que la explotación del resultado de este modelo de trabajo e investigación colaborativo sea así mismo colaborativo?

Dejando las cosas claras de entrada. Como decía, una plataforma es un mecanismo de gobernanza digital y cuando aceptas ser usuario estás “jurando” la constitución (los términos y condiciones) de la plataformas.

Si esta constitución se orienta al bien común los resultados del uso de la plataforma lo serán, si esta constitución se orientan al lucro de los líderes de la plataforma eso es lo que ocurrirá.

Saluscoop ilustra el caso concreto de la investigación médica y el bien común. Se trata de una cooperativa de datos sanitarios, un proyecto muy pionero e interesante desde ldeasForChange que ha recibido apoyo de Mobile World Capital Foundation.

¿Qué otros ejemplos de economía colaborativa, sea en forma de producción, consumo, distribución o participación ciudadana -entre muchos otros- se están dando a raíz del confinamiento?

De todo. Destacar todo el movimiento maker que se ha volcado en ayudar en la crisis sanitaria. A nivel de barrio proyectos como Tienes Sal o Superneighbor han ganado muchos usuarios. En EEUU se están creando fondos de ayuda en modo crowdfunding. Por no hablar de las plataformas para compartir datos comunes acerca de la pandemia. BlaBlaCar ha lanzado BlaBlaHelp estos días. SocialCar se ha lanzado con SocialMedics

En el siglo XXI el mecanismo de coordinación y participación masiva son las plataformas digitales.

¿Se volverá nuestra sociedad más colaborativa a raíz de la pandemia?

Qué será más digital y con más plataformas digitales es seguro. Si esto hará una sociedad más colaborativa no lo sé.

Está claro que históricamente los tiempos de “post-crisis” han generado momentos de mayor solidaridad y que las plataformas con herramientas que se pueden orientar hacia lo social.

A mi me gustaría ver y poder decir que tendremos una sociedad más colaborativa, pero eso depende de muchos factores. Yo haré lo que esté en mi mano para que así sea.

En Collaborative Society, Dariusz Jemielniak y Aleksandra Przegalińska hablan de la apropiación del término ‘colaborativo’ por empresas cuyo ethos y prácticas no se adhieren a este movimiento (léase empresas de transporte compartido, plataformas de alquiler de viviendas, etc). ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

100%, en Ouishare dejamos de hablar de economía colaborativa en 2016, 4 años atrás, justo por eso que has comentado. Está claro que ha existido y existe un “collaborative washing” o “share washing”. Es un término al que cualquier organización quiere acercarse.

Sin embargo, yo no estoy de acuerdo en una división binaria acerca de lo que es o no colaborativo. Creo que es un tema altamente complejo y que hay muchos factores a tener en cuenta. El trabajo (A Framework for Assessing Democratic Qualities in Collaborative Economy Platforms) que han hecho los investigadores de la UOC Mayo Fuster y Ricard Espelt me parece muy relevante.

El modelo económico que se promueve, el modelo de propiedad de la plataforma, el uso de tecnologías y datos abiertos, la relación con los otros stakeholders impactados por la plataforma, etc. No es lo mismo Airbnb, IntercambioDeCasas, Couchsurfing o Fairbnb pero simplificarlo en “esto es colaborativo y esto no” me parece incorrecto e incluso peligroso.

Cuando surgieron los primeros ejemplos de producción colaborativa, como Wikipedia hace casi veinte años, no fueron pocos los que auguraron que aquellos transformarían la economía. Sin embargo no ha sido así. ¿Considera que el trabajo cooperativo y el open-source están alcanzando todo el impacto que sería de esperar?

Bajo mi punto de vista sí que ha tenido mucho impacto. Internet tal como la conocemos no existiría sin el movimiento open source. Desde servidores, routers, blogs con WordPress, etc. todo funciona en código abierto. Incluso Microsoft hace años que está trabajando en muchísimos proyectos de código abierto.

Creo que es más tema de saber qué medimos y cómo lo medimos.

Los proyectos propietarios que a todos nos vienen a la cabeza existen gracias al código abierto, datos abiertos y en muchos casos al hardware abierto. El libro “El estado emprendedor. Mitos del sector público frente al privado” de Mariana Mazzucato ayuda a observar las cosas bajo otro punto de vista.

Frente al movimiento colaborativo, grandes compañías como Amazon se erigen en monopolios de distribución que afectan cada vez más también al I+D en todo el mundo. ¿Qué representan este tipo de compañías para la economía colaborativa?

Una de las características de las plataformas digitales son sus efectos de red y su capacidad para generar oligopolios sectoriales, “winner takes it all”. Lo que hemos aprendido estos años es que esta eficiencia tiene un coste social y genera un riesgo sistémico peligroso. El artículo Rethinking Efficiency en Harvard Business Review lo explica a la perfección.

En la naturaleza no existen árboles de 10 kilómetros de alto ya que no dejarían crecer un ecosistema rico y diverso a su alrededor. Un ecosistema necesita de un equilibro para funcionar de manera sana o se muere. Deberíamos seguir más a la biomímesis.

¿Cómo aplica la economía colaborativa a su vida diaria?

Hasta la llegada del COVID utilizaba el transporte compartido (Bicing, Ecooltra, BlaBlaCar, SocialCar) ya que no dispongo de vehículo propio. Compro y vendo de segunda mano (sobre todo electrónica y material deportivo), he hecho interncambio de casas y he usado Airbnb y Couchsurfing en función de las necesidades y circunstancias.

He organizado un crowdfunding para un documental, he contribuido a decenas de crowdfundings y trabajo en espacios compartidos desde el 2012.

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